La fiesta mundialista en el Soccer City, el estadio especialmente diseñado para la ceremonia de inauguración de Sudáfrica 2010, inició esta mañana. El estadio cimbró a ritmo de compases típicos africanos; con mantas dibujaron el continente negro y un árbol de la vida hermanó a todos los continentes.
La república mexicana se paralizó casi en totalidad. Las muchas escuelas tuvieron la autorización de la SEP y las aulas se convirtieron en diminutos estadios donde con cornetas, matracas y porras se esperaba el próximo partido que abriría la copa del mundo: México contra Sudáfrica.
Todos los mexicanos, incluso los que no vieron el partido, a las nueve de la mañana, contuvimos el aliento y esperamos que el Tri fuera, viera y venciera.
Durante el partido la emoción casi se viene abajo cuando en pleno primer tiempo los sudafricanos metieron el primer gol. Los ánimos se alzaron cuando Carlos Vera logró colar un gol, pero casi cadiacamente, fue anulado. Este día muchos prefirieron no ir a trabajar o se decidieron a llegar tarde, otros más no fueron a la escuela y se reunieron en las plazuelas de todo el país o en los bares. El partido estaba complicado, los mexicanos tenían la confianza y más de uno se hallaba con una pata en la puerta para salir a correr a celebrar al ángel de la independencia "o de perdis" al malecón. Y sucedió, a casi diez minutos antes de terminar, Rafa Márquez le ganó la espalda al gigantón Mokoenea y sin dudarlo, con furia, anotó el empate. Un empate que nos supo a victoria y se oyó el corear del gol como si la tierra rugiera en sus centros.